Supongamos que ustedes son extraterrestres y nunca escucharon hablar de Charly García.
Supongamos que descienden con su nave en la intersección de las avenidas porteñas Coronel Díaz y Santa Fe; esa esquina se llama, como es ya obvio, Charly García.
Supongamos que se ponen a mirar en derredor, y de pronto distinguen un portón todo intervenido de graffitis, falsamente vandalizado y refrito de escritura mínima o elocuente, de pintadas con sabor a jeroglífico, dibujitos, frases, canciones y relatos fantásticos. Todo ello creado y mentado desde el amor, la admiración, el cariño y el respeto.
Supongamos que los extraterrestres (quizás ustedes, quizás otros) no encuentran explicación de lo que ven, y les explota la cabeza.
Es que no hay nada que explicar, ¿no les parece?
Charly es Charly: genio indiscutido, figura popular, unánime estrella de rock, carismático letrista, brillante productor y músico prodigio.
Charly es su esquina. Y la esquina es Charly.



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