¿Qué podría agregar yo a lo que ya se dice, sabe y manifiesta sobre el gran general argentino, libertador de Argentina, Chile y Perú? Nada, como pueden imaginar, salvo que en 2026, y luego de varios intentos, finalmente pude visitar su mausoleo. Ah, el mausoleo. ¡Si les contase! Pero no les contaré, porque la historia de cómo se proyectó y construyó ese mausoleo, las desventuras e idas y vueltas de cómo se trajeron los restos del general a Buenos Aires; y las tramoyas y manoseos de la ubicación del sepulcro, pues darían pie a 20 temporadas de un show dramático de Netflix.
Solo quiero agregar una cosa: que el mausoleo está fuera de la catedral (está afuera, de no creer); pero para llegar a él debemos entrar a la Catedral (solo hay acceso de esa forma). Esta situación habla a las claras del respeto, amor y consideración que tenemos por uno de los padres de nuestra patria (dicho esto con sarcasmo, claro está).
Mi querido general, perdónanos.




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