Los todistas son una raza en extinción: especialistas en no tener especialidades; estrategas en no tener estrategias; decididos a no tomar decisiones; carentes de vocación y el sentido especulativo de la conveniencia y la oportunidad. Seren, la señora que escribe en este blog, ha desarrollado, durante su amplio y diversificado paso por el todismo, todo tipo de diligencias laborales dignas de una pesadilla de Borges: lavaplatos, mucama, cartonera, canillita, empleada de veterinaria; barman, camarera, ayudante de sastre, vendedora ambulante, albañil, barista. Ella vendría a ser lo que en inglés se llama 'blue collar', o la gente que no tiene título universitario y desempeña tareas no profesionales. Esta mujer, como el resto de los todistas, tiene un sentido y comprensión estético mas bien ecléctico y difuso. No sabe la diferencia entre Barroco y Rococó; siempre supuso que Manet era Monet ( o viceversa ); o confunde el Art Decó con el Art Nouveau. Escribe con faltas de ortografía, se desentiende de la sintaxis, no entiende dónde van las comas; pero por otra lado, gusta de sacar fotos, martirizar relojes, ir a museos, visitar artistas y contar qué ve y cómo lo siente y experimenta. Señoras y señores, no los entretengo mas: Bienvenidos a Seren Vintage Watch Gallery

Mausoleo del General José de San Martín en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires

¿Qué podría agregar yo a lo que ya se dice, sabe y manifiesta sobre el gran general argentino, libertador de Argentina, Chile y Perú? Nada, como pueden imaginar, salvo que en 2026, y luego de varios intentos, finalmente pude visitar su mausoleo. Ah, el mausoleo. ¡Si les contase! Pero no les contaré, porque la historia de cómo se proyectó y construyó ese mausoleo, las desventuras e idas y vueltas de cómo se trajeron los restos del general a Buenos Aires; y las tramoyas y manoseos de la ubicación del sepulcro, pues darían pie a 20 temporadas de un show dramático de Netflix.

Solo quiero agregar una cosa: que el mausoleo está fuera de la catedral (está afuera, de no creer); pero para llegar a él debemos entrar a la Catedral (solo hay acceso de esa forma). Esta situación habla a las claras del respeto, amor y consideración que tenemos por uno de los padres de nuestra patria (dicho esto con sarcasmo, claro está).

Mi querido general, perdónanos. 








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