Los todistas son una raza en extinción: especialistas en no tener especialidades; estrategas en no tener estrategias; decididos a no tomar decisiones; carentes de vocación y el sentido especulativo de la conveniencia y la oportunidad. Seren, la señora que escribe en este blog, ha desarrollado, durante su amplio y diversificado paso por el todismo, todo tipo de diligencias laborales dignas de una pesadilla de Borges: lavaplatos, mucama, cartonera, canillita, empleada de veterinaria; barman, camarera, ayudante de sastre, vendedora ambulante, albañil, barista. Ella vendría a ser lo que en inglés se llama 'blue collar', o la gente que no tiene título universitario y desempeña tareas no profesionales. Esta mujer, como el resto de los todistas, tiene un sentido y comprensión estético mas bien ecléctico y difuso. No sabe la diferencia entre Barroco y Rococó; siempre supuso que Manet era Monet ( o viceversa ); o confunde el Art Decó con el Art Nouveau. Escribe con faltas de ortografía, se desentiende de la sintaxis, no entiende dónde van las comas; pero por otra lado, gusta de sacar fotos, martirizar relojes, ir a museos, visitar artistas y contar qué ve y cómo lo siente y experimenta. Señoras y señores, no los entretengo mas: Bienvenidos a Seren Vintage Watch Gallery

jueves, 4 de junio de 2026

Cementerio de Lecce, ensayo poético y fotográfico

Me dirán que los cementerios no son lindos, que son tristes.
Me dirán que no tienen sentido, si el que se fue no siente, se diluye y dispersa.
Me dirán que tengo un alma triste y gris, porque disfruto de camposantos y espacios de tiempos idos.
Creo que las necrópolis son hermosas, y me dan paz, y me llenan de luz, 
benditos espacios de reflexión y recuerdos metafóricos.

Me dirán que Lecce tiene un cementerio opulento, elitista, exquisito.
Que se inauguró en 1845 para los ricos, para los distinguidos y cultos de la ciudad.
Me dirán que no dije que es una especie de museo arquitectónico a cielo abierto muy visitado,
consumido, melindroso, apocado,
un lugar más donde los crueles turistas cristalizan sus furias de incongruentes invasores.

Me dirán que mi ojo contorsionista y cámara obsoleta no capta la esencia de la muerte,
muerte que celebra la vida, el amor y las hazañas del pueblo leccese.
Me dirán que menoscabo la intimidad de los difuntos, que los atropello, que los sezgo,
que me invito de soslayo al yermo luminoso de un Tánatos pugliese y su mortal rutina. 
No es verdad, o quizás sí. Parcialmente.

Me dirán que no soy nada más que una metida, absurda anacoreta de cartón y saliva perversa.
Me dirán que no entiendo, o que no quiero reconocer mi furia ingrata y falsa mocedad.
No tengo prisa, no tengo historia, no tengo tiempo de tener nada más que amor, y con ello basta.
Basto en la vastedad, y sin renegar de las fotos tomadas, me consuelo con su crucificción,
alquimia y destierro anticipado.























 


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