Preguntarse...

PREGUNTARSE

Las preguntas, las dudas, inquirir, indagar, bucear, sumergirme en el torrente arrollador de la vida ha sido un poco la marca indeleble que tatúa mi corazón.
Siempre en busca, siempre curiosa y preguntona.

Elegí ser libre y escribir, sacar fotos, transmitir lo que siento, lo que me quema el alma, me arrastra a los desafíos o me desconcierta.

Aquí no encontrarán contundencias, no leerán nada taxativo o categórico. Serán parte de mis desandar, de mis derribos, las escapadas ausentes y los silencios que adivinan entre la prosa un tanto desaliñada: mi marca registrada.

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jueves, 2 de julio de 2015

Reloj Usina del Arte - Relojes Monumentales de Buenos Aires, entrega N° 32

Este hermoso edificio que tiene un soplo lejano a un Palacio Florentino tiene razones suficientes para sobresalir y sacar el aliento mientras se lo admira.
Creo mucho en los raptos de inspiración. Por eso me parece que el arquitecto italiano J. Chiogna tuvo su momento de inmortalidad asegurada con este precioso edificio.
La Usina de la Italo Argentina de Electricidad - tal su antiguo nombre - se inauguró en 1916 y tenía por objeto cubrir la creciente demanda de energía eléctrica en la zona portuaria y fabril con una urgencia energética que pudiese colmar las expectativas de los establecimientos de la zona. Además debía abastecer a los primitivos tranvías eléctricos y el recién nacido subterráneo.
La planta de 7.500 metros cuadrados tenía 12 calderas a vapor alimentadas con petróleo y 5 usinas generadoras. Nada de eso se conserva, lamentablemente. Pues el edificio se desmanteló en su interior en 1997 con destino incierto. Primero se ocupó el Gobierno Nacional y luego compró el predio el GCBA con el objeto de hacer un centro cultural focalizado en la música pero también con oferta de muestras de arte e instalaciones para plástica.
Y con todo este preámbulo llego hasta el reloj. Del que poco se sabe. Pero es impresionante. Una torre entera pensada para un mecanismo gigante y con 4 caras que ya no dicen la hora. Pero me imagino las decenas de miles de obreros que a principios del siglo pasado levantaban la vista y miraban ese extraordinario reloj.







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